Arpando suavemente el tablaje del postigo,
con leve gimoteo, con grave desazón,
con planta de guerrero y mirada de mendigo
anuncia la arribada de su ultima incursión.
Biensabe de mi enojo cuando le doy abrigo
tras estas correrías.Y siempre, a la sazón,
se oculta amedrentado, temiendo algún castigo,
detrás del tosco escaño del viejo portalón.
Y sabe que, a la postre, en la voz del viejo amigo
asomará el susurro de reconciliación;
percibirá en mi gesto el amor que le prodigo
y buscará en mi mano el halago del perdón.
***
De su cereño cuello, ensangrentado,
retiro diligente la carlanca
con nieve entre las púas todavía;
a más de su ancho pecho lacerado,
por uno y otro flanco y en un anca
severas dentelladas ofrecía.
Como el chiquillo inquieto y revesado,
proclive a cabrioleos de potranca
y a caídas, así yo le advertía
con voz solemne y ademán crispado,
mientras una mirada sobria y franca
de grave sumisión me dirigía;
"¿ Cuándo podrás, insólito guerrero,
"olvidar esos sueños de aventura,
"reprimir ese brío pendenciero,
"portarte con mesura?
"¿ Cuándo sabrás que el galardón postrero
"se logra paso a paso, sin premura,
"sin aires de arrogante pionero
"ni alardes de bravura?
"¿ No adviertes que al final de tu sendero
"te aguarda de la angustia la angostura,
"que cunde el desazón, que el ojo fiero
" te acecha en la espesura...?"
Sentencias de caduco consejero
se me antojan, pues desoír procura
con gesto imperturbable y altanero
desdén en su figura.
***
Quiere reinar la paz ; la calma llega.
Y vuelta al menester del día a día
en la masada añeja y solariega,
en la tenada o en la ropería,
en la braña que el cabañal segrega,
en la merindad de la pradería...
Ya a la quietud renuncia, ya reniega
de la exasperante monotonía,
de la convalecencia palaciega.
Ya su mirada ansiosa recorría
los ámbitos de allende de la vega,
cuyos dominios demarcar sollía.
Ya en la piel del indómito estratega
restañan las heridas, Ya porfía
con leve aliento en imponer su brega ;
escrutar del rafal la cercanía,
custodiar la vecera con entrega...,
velar de noche, sesterar de día.
***
Con las copiosas nevadas del enero algente
se encarama a lo alto del viejo carricoche,
sito al hastial, y monta su guardia diligente,
luciendo su carlanca como ostentoso broche.
Anunciará el momento de hacerse omnipresente
con gutural proclama de intencional reproche
y el eco de su ronco ladrido, evanescente,
rasgará los oscuros silencios de la noche.
Cuando, a la postre, el colérico ventisco ininicia
el zaleo de copos, que en raudo movimiento
rehusan de la luz del farol una caricia,
algo turba el remanso de mi recogimiento.
¿Qué fuerza o impulso sobrehumano, quién propicia
los fatales designios del nocturnal evento?
¿Porqué todo, de pronto, es cambiante?¿Quién desquicia
las formas y el ritmo de los hechos al momento?
***
!Cuán larga noche, aciaga, vehemente...!
!Cuán poco presta a conciliar el sueño!
Hora tras hora he oído,
como ominoso clarín,
el silbido permanente
del frio viento norteño
y el lastimero balido
del recental benjamín.
Hora tras hora he óido
el relinchar estridente
de mi caballo peceño
y el prolongado bramido
del novillo bermejín.
Hora tras hora he oído,
con bríos de paladín,
ladrar obstinadamente,
con inusitado empeño,
el intrépido mastín.
***
Cuando llege el momento culminante
-llegará ineluctable y cumplidero-
el otilar del lobo amenazante
desatará su instinto guerrillero.
Dejará el cobertizo, y al instante,
con decisión, con ademán severo,
se perderá en carrera trepidente
a través del inhóspito nevero.
***
Nada sé del impulso agonístico latente
que conmueve al moloso; ni podré ser testigo
de su febril batida, del acoso insistente,
de cómo hostiga, ataca y doblega a su enemigo.
Mas sí le veré un día llegar cauto y silente
a la portela de siempre, demandando abrigo,
con valentía humilde, con humildad de valiente,
con planta de guerrero y mirada de mendigo.